12 marzo 2009

Victorino, sobre las medallas.

Creo que lo leí el sábado en ABC, y ahora que he tenido un rato lo rescato de su página. Esclarecedor la opinión de Victorino Martín sobre el temita de marras...jejeje.
Realzo en negrita los aspectos que más me han gustado. Ojo al palo que le da a Cayetano (lo que pensamos (casi)todos los aficionados, por cierto...

«Estos toreros han hecho muy bien, porque se la ganaron de verdad. Callar no es tener más respeto; al contrario, esta concesión es una falta de respeto a los que se la han ganado. Es como las orejas: las hay que valen y otras regaladas. Me parece que no tienen motivo para concedérsela a Rivera. Es un torero que está bien, pero ni es artista ni figura. Está indignado todo el mundo: esto debe ser por méritos y no por amiguismos. Esto es una verbena de la Paloma. ¿Uno de los males de la Fiesta? La falta de rivalidad. Si ahora llegan al patio de caballos, se dan dos besos y se preguntan por la mujer. Antes se decían: «Te voy a mondar». Lo normal, la competencia, poderse uno a otro, como ocurre en el fútbol. Cuando habló José Tomás de Enrique Ponce en México, Ponce se calló. Yo hubiese dicho: «Te espero en Madrid con una tía en puntas y con televisión»». Respecto al veto de Cayetano a Morante, señaló: «A éste no le veta nadie. Ni lo necesita. Cayetano, lo que tiene que hacer es matar corridas de toros y en puntas. Tiene más méritos y más caché Morante que Francisco. Yo no me meto con los Ordóñez, pero que se estén un poco tranquilos, porque están perjudicando más que beneficiando a la Fiesta. Que se dejen de tanta verbena».

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04 marzo 2009

Vuela el sombrero de Morante


Imagino lo oscura que será la noche de Adrián Gómez, lo profundo del sueño, el cerebro canalla desobedeciendo la caricia. Todos los balcones a los que asomarse cerrados. Yo no sé si es mejor caer como Juncal: la batalla, el toro, la sangre, un traje blanco y un sombrero calado, la mortaja última del albero sevillano. La inmortalidad. La historia de Adrián como la de Robles, debe ser la insoportable levedad del ser, llorar lágrimas negras, por que el toreo es baile y caricia y sensibilidad y movimiento. No es estatua ni teatro. Adrián mirada torera sonreía el domingo, a un empacho de adrenalina, sombreros que vuelan y esperanza: ese sombrero cordobés de Morante volando el domingo como un natural con alas. Ojala llegue el sombrero de Morante hasta la ciencia y la esperanza.


Lo más bonito que he leído sobre el Festival de Adrián Gómez, del maestro depurísimayoro.


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31 octubre 2008

Cuchillo y "Camino"



Hoy he empezado bien la mañana. Me he encontrado con un regalo que nos hace Isra Cuchillo en su semi-abandonado blog.

Pasen y lean, por favor. Dan ganas (aún más) de ir ver la película. Ahí va una frase:

"José Tomás se ciñe medias rosas y vestido de lentejuelas para matar a la bestia; Nerea Camacho sufre de guión. Qué poco o qué nada que tienen que ver y qué sensaciones tan parecidas que dejan. Cuáles, no me dan las palabras. Pero tan punzantes como para contarlo."

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12 septiembre 2008

El dilema de ser galguero.


Para Ludo, quien me pidió algún texto para profundizar sobre los galgos, y para todo aquel que ame este bello arte milenario, o se quiera acercar a él.

Está escrito por Oscar Hernández Zarzuelo, gran galguero, amigo y Vicepresidente del Club del Galgo Español.

"Desde que a principios del S.XX se empezara a utilizar este calificativo, en España, para designar a las personas que crían, cuidan y entrenan galgos, para dedicarlos a correr liebres en campo, han pasado cerca de 100 años y desde entonces muchas cosas deberían haber cambiado.
La palabra galguero no figura en el diccionario de la Real Academia de la Lengua y por tanto personalmente pienso, que dicha palabra no es la ideal para definir a las personas que criamos y corremos galgos en campo, sino que la palabra criador o preparador, nos definiría de mejor manera, en el contexto de la sociedad y en el deporte actual. Sin embargo, voy a utilizar la palabra galguero a lo largo del artículo para intentar discernir lo que significa o conlleva para unos y para otros dentro de dicha sociedad.
Ser galguero en la actualidad significa muchas cosas, buenas o malas, dependiendo de donde nos llegue la información o como se maticen los términos que conlleva la afición. Para un sector de la sociedad actual, supone maltrato, abandono o ahorcamiento, fruto de la campaña de desinformación, que algunas protectoras iniciaron a principios de los años 90, con la intención de atacar, desprestigiar y abolir la caza de liebres con galgos. La mayoría de estas protectoras bombardean a los medios sensacionalistas con un archivo de fotografías muy pequeño, de galgos que han sido maltratados o abandonados por vete a saber quién y que como siempre, desprestigia a los galgueros.
¿Quién con un mínimo de sentimientos o escrúpulos, ve unas imágenes de un galgo ahorcado y permanece impasible? ¿A quién no le duele que un galgo haya sido maltratado o abandonado?. Este tipo de personas parecen tener la llave de los sentimientos y solo ellos pueden sentir repudia por este tipo de actos. Sin embargo en vez de preocuparse realmente de saber de donde proceden los galgos maltratados, quién ha sido el que realmente ha cometido ese acto bárbaro, se precipitan en fotografiar y mandar la información a la prensa, rellenando unas líneas paralelas de odio y rencor a nuestra afición. No vamos a entrar ahora en los datos reales del SEPRONA ni en el último pronunciamiento del Parlamento Europeo, los dos muy favorables a este deporte, sino que sería mucho más provechoso que cada uno de los que compartimos esta afición o deporte hagamos examen de conciencia y veamos cuáles son nuestros defectos y nuestras virtudes.
Como decíamos anteriormente, tal vez empezando por la palabra que nos define, utilizando la de criador o preparador, nos estaríamos equiparando a otras modalidades que preparan animales para el esfuerzo físico y la competición, como pueden ser los mushers o los preparadores de caballos de carreras, los cuales no saldrían muy bien parados si los empezáramos a llamar “malamuteros” o “caballeros”, como es el caso de galgueros en nuestra afición.
Sin embargo la definición o etiología de una palabra no es tan relevante como el trasfondo que conlleva. Ser preparador de galgos, en este caso de campo, supone, entre otras muchas cosas, amar a los galgos de forma desorbitada y con ellos, a los dos grandes protagonistas de la escena estética que se produce en cada carrera y que no son otros que la liebre y la naturaleza, donde tiene lugar el lance.
En la situación actual, los neófitos de esta afición se acercan con recelo a la misma, sufriendo una disyuntiva trivial. Por un lado se sienten atraídos por la belleza y satisfacción que supone preparar a un galgo y por otro se sienten señalados por un sector de la sociedad que te tratan como maltratador potencial. Es necesario que tanto éstos futuros aficionados, como ese sector de detractores conozcan cuál es la realidad en esta afición. Para ello, los qua la componemos, debemos hacer muchas reflexiones y planteamientos para saber dónde estamos y a dónde queremos llegar, lo que supone, conocer nuestros defectos, asimilarlos e intentar superarlos manteniendo las virtudes.
Lo primero que debemos tener muy claro es a cuál de las dos modalidades galgueras, unidas por el mismo cordón umbilical, pertenecemos. Podemos ser criadores de galgos para correr liebres en campo, sin necesidad de competir o podemos hacer lo mismo para competir con otros ejemplares de la misma raza, enmarcado en un sistema federado, regalado y constitucionalizado. Las dos modalidades son muy respetables, pero cada uno debe decidir por que modalidad se decanta. Lo que no se debe hacer es desligarse de una u otra, en función de los intereses o necesidades propias.
La competición, como decíamos, está regida por el CSD, las federaciones nacionales y autonómicas y los clubes (por supuesto respetando las medidas que se tomen en cuanto a la caza se refiere por la CCAA en cuestión) , mientras que la modalidad de caza, está legislada única y exclusivamente por la CCAA que tenga competencias en medio ambiente o en su defecto por el ministerio del mismo nombre. Las dos tienen el mismo denominador común, galgos y liebres en campo, pero distintos objetivos que todos conocemos y que no es preciso narrar. Sin embargo hay aspectos que requieren un análisis que ponga en evidencia posturas, cuanto menos un poco “cómodas” de algunos aficionados. Intentaremos reflexionar sobre algunas de ellas con el deseo de que se modifiquen con prontitud.
Los galgueros en general, debemos saber, que ésta es una afición cara, que empieza a parecerse cada vez más a los deportes denominados de “élite”. Tanto si practicas una como otra modalidad (sobre todo en la competición) los gastos son muchos para poder ver correr los perros: crianza, alimentación, seguros, tarjetas, licencias, identificación, seguridad en la perrera, trasportes y correderos son algunos de los gastos que suponen y que si se suman dispensan un gasto de relevancia para cualquier mortal. Sien embargo, todavía hay “galgueros” que crían de forma poco ortodoxa a sus perros, los echan de comer los desperdicios e intentan abstenerse de todos los gastos colaterales de la afición. Este tipo de aficionados no solo suponen un alivio para nuestro deporte sino más bien una amenaza interna que nos somete una y otra vez a debate por una parte de la sociedad que nos cataloga de igual modo a todos.
En segundo lugar, solemos ser aficionados poco realistas, ya no solo en las carreras que visualizamos, sino con los mismos problemas que se nos están planteando. Recuerdo hace unos meses como había un gran número de aficionados preocupados por defender y mantener vivo el deporte, pero también recuerdo con el pasotismo y desinterés con el que muchos otros se mostraban ante la misma. Va siendo hora de que despertemos y dejemos de ver la paja en el ojo ajeno, viendo en los ataques de las protectoras, algunos partidos políticos y un sector de la prensa, un problema real que requiere la ayuda de todos para abordarlo y superarlo.
En tercer lugar, se hace necesario que todos cumplamos con los compromisos legislativos que se plantean en la afición y por supuesto en el deporte. La identificación de nuestros animales se hace fundamental en la lucha contra los robos que sufrimos, auténtica lacra galguera, confiando en el tatuaje y el microchip como baluartes para la recuperación de los animales sustraídos.
En cuarto lugar me gustaría destacar el “rencor” o mejor dicho el desinterés que algunos aficionados han mostrado hacia los entes federativos de la competición. A ellos les diría que dichos organismos son los que han promovido, desarrollado y actualizado la defensa de los intereses de todos los que corremos galgos en campo. Las Consejerías de Medio Ambiente, ocupadas temporalmente por diferentes partidos políticos, no van a defender nuestro deporte de forma indefinida, más aún si dichas consejerías son ocupadas algún día por los partidos políticos que la intentan abolir. Dicho esto, parece interesante, que confiemos, ayudemos, y respetemos a los órganos federativos que nos representan como base sólida de una afición que queremos que perdure en el tiempo.
La oportunidad que me brinda este anuario, la he querido aprovechar para hacer un breve repaso a la actualidad de esta afición, con el único objetivo de abrir los ojos a todos los aficionados y con la esperanza de que todos podamos tirar de la cuerda en el mismo sentido algún día no muy lejano.
Con el respeto y admiración que me merecen todos los galgueros de bien, me despido con el único deseo de que todos, podamos disfrutar largo y tendido de esta heroína que es la caza de liebres con galgo y su competición."

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11 septiembre 2008

La herida abierta del WTC

Foto AFP.

"A siete años de la infamia, el corazón de Nueva York sigue llagado. Aquella mañana lloramos lágrimas como puños mientras la la ciudad vertical, madre terrible, ardía hasta el tuétano. Cuna del dólar, hogar de cocodrilos, patria de Sonic Youth, Fania y el 'be-bop', marejada de razas, capital del mundo, NY amaneció maldita el 11 de septiembre de 2001. Adumbrada por el apocalipsis, del humo nacieron brazos como tenazas, dispuestos a suturar el blanco beso de la muerte."

Así empieza hoy Julio Valdeón en el magnífico blog Crónicas desde EEUU, de El Mundo, hablando del aniversario del 11-S -ya van siete años- y de la fractura abierta en la ciudad porque aún no se ha erigido el nuevo proyecto, adjudicado al arquitecto español Santiago Calatrava.

Una delicia leer a Valdeón y a los demás colaboradores del blog, en especial el seguimiento a la campaña electoral de USA, que se calienta cada día más.

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28 agosto 2008

El sentido trágico del fútbol.

Este verano he leído, por fín, "Historias de Nueva York" del gran Enric González. Tengo pendiente "Historias del Calcio", su último libro, más bien una recopilación de los artículos que escribía aunque muchos de ellos lo he leído en el estupendo blog de ese nombre.
Hoy me encuentro con este estupendo artículo en El País. Mucho más que fútbol. Disfruten.

¿Quieren pruebas? Ahí tienen al Indio Abdón Porte con su fecha, el 5 de marzo de 1918. Se acuerdan del Indio Abdón, ¿no? Claro, todo el mundo se acuerda del Indio. Acabó el partido y el Indio, mediocentro de Nacional, gloria del fútbol uruguayo, festejó con los compañeros. Bebió y rió con ellos, y debió darles buenos consejos, porque el partido, para un buen mediocentro, no termina nunca. Luego, pasada la medianoche, se volvió al estadio del Parque Central. El club pensaba traspasarle por viejo: tenía ya 27 años, 27 años de los de 1918, y no le veían tan fuerte como antes. Pero el Indio iba a quedarse. Esa noche, la noche del 4 al 5 (los números del mediocentro), caminó hasta el centro exacto del campo (el territorio del mediocentro), sacó un papelito con el último poema (“Nacional, aunque en polvo convertido y en polvo siempre amante…”), empuñó un revólver y se reventó el corazón.

Nada, una casualidad, un mediocentro depresivo, dirán algunos. ¿Casualidad? Pues hablemos de Ago. ¿Lo recuerdan, al pobre Ago? Espigado, elegante, nunca un paso en falso: el mejor mediocentro que tuvo la Roma. Y en esa Roma estaba Falcao, cuidado. Agostino di Bartolomei, Ago, fue el capitán de la Roma en la temporada 82-83, la temporada del scudetto glorioso, el primero en más de 40 años y el segundo en la historia romanista. La temporada siguiente, la Roma irrumpió en la Copa de Europa con un fútbol espléndido. Y con malas artes, para qué negarlo: el árbitro de la semifinal fue sobornado, pero eso no fue culpa de Ago. El caso es que la final se jugaba en Roma, en casa, contra el Liverpool. Era el 30 de mayo de 1984. “El partido de mi vida”, anunció Ago. Empate en los 90, empate en la prórroga y, en los penaltis, victoria inglesa. Fue la noche más negra de la Roma.

La temporada siguiente llegó Eriksson al banquillo, y Ago fue traspasado al Milan. Riñó con sus antiguos compañeros y su juego se hizo más y más melancólico hasta que, en 1990, colgó las botas. Ago se lo tomó con más calma que el Indio y esperó 10 años. Exactamente 10. El 30 de mayo de 1994, décimo aniversario del desastre, Agostino di Bartolomei dejó un papel sobre el escritorio (“Me siento encerrado en un hoyo”), salió al balcón de su casa, empuñó un revólver y se reventó el corazón.
¿Les basta? Ni el portero, ni el ariete, ni el extremo: esos son neuróticos, maniáticos de lo suyo. Quien sufre de verdad, quien conoce el sentido trágico del fútbol, es el mediocentro. Y no hablo del que juega de mediocentro. Gente como Capello o Rijkaard, o tantos otros, sólo jugaban de eso. Estaban ahí, para entendernos. No, no, me refiero al que es mediocentro y no sirve para nada más, porque tiene un partido en la cabeza y necesita que encaje con la realidad; me refiero al que sufre el ansia del gran partido perfecto.
Ese inventor de partidos, ya lo han visto, es muy especial, raro y delicado. Como Guardiola y Schuster, sin ir más lejos: en los dos banquillos augustos se sientan dos de la estirpe. Por supuesto, no esperen que asome un revólver. Esperen ansiedad, eso sí. Será una temporada agónica, bajo el signo del mediocentro. Confío en haberles convencido.

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27 agosto 2008

Un trabajo que empieza a las cinco

Precioso artículo que nos recupera Rosa J.C.

Convertir una afición en profesión no deja de ser un servilismo doloroso, porque cuando el arte que llena el espíritu acaba siendo un medio de vida, necesariamente tiene que perder sinceridad.
Siempre me ha parecido más bonito lo que hace un aficionado que la perfección de un profesional. Porque el aficionado, despojado de egoísmos materiales, busca el placer estético donde los otros encuentran una solución de sus necesidades humanas.
El aficionado consciente de su condición, jamás hará concesiones a los demás, ni caerá en la monotonía de convertir el arte en oficio. Al revés: Cuando más sólo esté más orgulloso se siente y con más profundidad vive lo que hace.
Tienen vibración sentimental los tres naturales de esos que llamamos "señoritos del toreo" que la faena completísima de cualquier figura. Aunque aquellos lo hagan delante de una becerra y éstos tengan la responsabilidad del toro, del público y de la vida en juego. La gran faena de un gran torero es un eslabón más de la dilatada cadena de aciertos. Y los aplausos son el lógico premio del trabajo bien hecho.
Pero esos tres naturales de la becerra pueden ser el principio y fin de un hermoso sueño. Y aunque el sueño tenga segundas partes, los tres naturales quedarán clavados en el alma del recuerdo con su fondo de gente y de paisaje, con precisión de fecha, de hora y de matices.
Cuando pasen los años y la gente, cuando se muera la becerra, y cuando el protagonista no tenga más horizonte que un despacho o una vida cercada por ataques de reuma, en su alma seguirán teniendo ritmo aquellos tres naturales, aquella tarde y aquella encina que a él le parecía asomada a la placita para verlo torear.
Cuando el toreo deje sus miedos en la naftalina de unos trajes con el oro envejecido, volverá a ser aficionado y se perderá también por los senderos de la evocación, deteniéndose un poco en cada una de aquellas 30 o 40 faenas que tuvieron importancia. El torero, igualado en canas con el señor del despacho y del reuma, tratará de soñar con lo que fue y lo que pudo ser. Pero aquella faena perdida entre otras cuarenta hermanas gemelas, será una sensación imprecisa, traducida al presente. Será el camino grato de 40 pases convertidos junto a otros 6.000 en un cortijo y un batín de seda. O será el remordimiento de verse "sin tabaco" y volver la vista con pena hacia las tardes de gloria que no fue capaz de cuajar en un bienestar por culpa e la "mala administración".
No es lo mismo la obligación que la devoción. No es lo mismo torear por vocación que vivir de torear. Convertir en deber algo que nos gusta es uno de los mayores sacrificios del hombre.
Imaginaos la lucha de algunos toreros cuando llegan las cinco en punto de la tarde y no tienen más remedio que salir a matar dos toros. Y tiene que ser forzosamente a las cinco en punto de esa tarde calurosa. No cabe esperar a la inspiración. No cabe dejar el ensayo para mañana como hacen los cómicos cuando están de mal humor. O escribir el artículo por la noche. Tampoco sirve cambiar de tema o elegir el que más convine: tienen que ser los dos toros de todas las tardes que saldrán como a ellos les dé la gana sin que el hombre tenga más salida que explicar ante ellos una ciencia, al mismo tiempo que a los tendidos debe llegar un conjunto de armonías y emociones.
A esta constante preocupación le faltan todavía esos cientos de kilómetros que separan un plaza de otra, ese dormir sin dormir, mecidos por los baches de la carretera; y por si falta algo, puede un hombre pasar así tres o cuatro años y acabar debiéndole 20.000 duros al apoderado.
No es fácil ser torero. No es tan bonito como piensan algunos tener por oficio algo que antes ha sido sólo un ideal poético.
Si a los que son figuras del toreo los dejaran volver a empezar (sin el fantasma de los millones por medio) se conformarían con ser aficionados. Con torear de tarde en tarde, con muchas vísperas delante de cada faena y muchos días después para recordarlas pase a pase, como se recuerda la primera tarde de amor o el primer día que nos fugamos del colegio para fumar el primer cigarro.
Por eso hay tanta diferencia entre el aficionado y el profesional. Entre el poeta que sueña y recuerda y el hombre sin nervios que ha convertido el arte en oficio. Porque, para muchos, torear no es más que eso: un trabajo que empieza a las cinco en punto.

Alfonso NavalónPublicado en EL RUEDO el 15 de diciembre de 1965

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18 junio 2008

Para tratar de entenderlo.


Lo de José Tomás, claro. No lo había leído hasta hoy, y me ha aclarado mucho de lo que pasó el otro día. Por favor, lean desde la andanada del 9, a Covadonga del Peso, que escribe como Dios:

"Hace algo más de un año, mi proveedor particular de moleskines me regaló uno en el que escribió: "Para que tomes apuntes de José Tomás y alguno de la vida". Hoy lo he estrenado siguiendo al pie de la letra su propuesta:
Se mofaron de ti. Estaba yo delante. Lo han hecho muchas veces, pero aquella la recuerdo especialmente. Fue alguien más que avezado en esto de los toros, cuando aquello de que "vivir sin torear no es vivir". Más o menos, comentó que lo que dijiste era una estupidez. Vamos, que la vida sin un toro delante es perfectamente llevadera, joder. Que cómo no vas a poder vivir sin ponerte el traje de luces, hostias. Podrido de dinero y con tantos años por delante...
Y, bueno, sí, tenía razón. Si lo que nos preocupa cada día es comprarnos el mejor coche del mercado, o un chalet en la Moraleja... Si nuestro mayor objetivo es coleccionar amantes de buen ver y ser cliente habitual de los restaurantes más "chic" de Madrid. Desde luego, visto así, tenía toda la razón.
Hay muchas formas de dividir al ser humano, y tal vez una de ellas sea la establecer dos categorías: los que se despiertan todas las mañanas con la preocupación de hacer crecer su prestigio personal, y los que pretenden poder llenar algún día ese hueco invisible de la anatomía que sólo se percibe en soledad, antes de acostarse; al volver a casa tras una noche de copas; bajo el agua tibia, en la ducha, después de un largo día de trabajo.
Vergüenza torera. Orgullo profesional. Eso es lo que tienen casi todos tus compañeros. Lo tuyo - y lo de él - va mucho más allá. Aunque después de lo de hoy a algunos les resulte paradójico, en la plaza encuentras tu motivo de vida, el camino de justificarte a ti - y no a tu toreo -, de justificarnos a nosotros mismos. Verte frente a un toro produce agotamiento físico, pero - sobre todo - psíquico. Te llevas y nos llevas al límite de la lógica, planteándonos dudas, preguntas. Nos presentas en bandeja toda una filosofía que no puede comprenderse con palabras, sólo con una identificación colectiva e irracional. Un instinto gregario de superación, de perfección moral que mira más directamente que nadie a los ojos de aquello de lo que hoy se nos pretende alejar, y a lo que todos nos espera tarde o temprano: el dolor y la muerte. Porque no hay vida sin muerte, igual que no hay principio sin fin.
Por eso, los locos son ellos. Los locos son los que ignoran todo esto o, aún conociéndolo, prefieren ignorarlo, corriendo un tupido velo como cortinilla de hospital. Para hacer la vida más llevadera, sencillamente. En cambio, vivir en el desconocimiento o en la mentira es, en definitiva, evitar la enloquecedora cordura del secreto desvelado. Es por ello que tú no haces que el toreo sea una forma de vida, tampoco una forma de morir - no me jodan -, sino una forma de explicar la vida con todas sus consecuencias."

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28 mayo 2008

De picadores hurtados.

"La conjunción de las tres fuerzas que se reúnen en un buen puyazo posee una belleza plástica inenarrable y hurtada a la contemplación de los espectadores con demasiada frecuencia. Antiguamente, los picadores figuraban en los carteles de toros con los mismos honores que los matadores. La suerte de varas tenía sentido por sí misma, y se apreciaba de manera particular la destreza en su ejecución y la manera de parar al toro y encauzar su embestida hacia el caballo para recibir el castigo, sabiendo defender a la vez a su cabalgadura de las acometidas de éste"
Extracto del excelente artículo que publica hoy Alberto Urrutia en ElPaís. Menuda feria que están echando!!
Por cierto, ayer estuvo bien el picador Diego Ortiz, de la cuadrilla de Juli.
La foto es de Manon

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21 mayo 2008

La distancia



"Bastante tenemos los perezosos con no percibir el olor de una plaza y no escuchar en directo los comentarios de los sabios que siempre le rodean a uno en el coso. Y la cosa no es en realidad tan difícil. Aún recuerdo con emoción cuando vi por la primitiva televisión, en blanco y negro, la faena de Antoñete al toro manchado. No pude oler nada, es cierto, pero no se me escapó ni un solo centímetro de los que el maestro dejaba entre él y la bestia para plantarle la muleta y provocar su embestida.
Como a los toreros, les pido que administren la distancia."


Jorge M. Reverte, en elpais.com


Me parece extraordinario el despliegue que está haciendo El País a la Feria de San Isidro. Enhorabuena, y a continuar así el resto de la temporada.

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19 mayo 2008

José Tomás, al natural.



Magnífico reportaje ayer en XL Semanal, con algunas historias desconocidas para el aficionado -al menos para mí- sobre José Tomás, sobre todo de su etapa en México, cuando fue a buscarse la vida porque no quería pagar por torear en España.

Habla Antonio Corbacho:«No hizo caso de mis consejos y el novillo lo arrolló y en el suelo le metió el pitón en el muslo izquierdo. Era su bautismo de sangre. Me puse como una furia. Lo llevamos a la enfermería y, cuando estaba en la camilla desnudo y el doctor le iba a dormir para operarlo, oímos un revuelo y vimos que traían a otro novillero herido y con la cara cianótica. El doctor echó de la camilla a José Tomás».

Además de varias anécdotas interesantes, resaltar que escribe el amigo Pablo, en defensa del de Galapagar cosas como esta: «Dicen que José Tomás ni sabe torear ni se coloca en el sitio, y encima es torpe. No estoy de acuerdo. Los grandes toreros están cosidos a cornadas; están remendados como un pantalón de la posguerra. ¿Es torpeza pasarse los toros por la barriga?».

También me ha gustado el reportaje del Magazine del El Mundo "Vestidos para torear", que recomienda Manon, y las excelentes fotos de Begoña Rivas.

Actualización: Aquí está el enlace al reportaje, con el texto de Esplá, que merece la pena leer.

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14 mayo 2008

Abraham García, genio y figura.



Todos los miércoles, en elmundo.es, un ejercicio de lucidez, humor y ¡buena cocina! Que se lo digan a algunos...

En la despedida de hoy cuenta, a raíz de un comentario que le realizan sobre su pasión taurina:

"Recuerdo haber leído a Corrochano, a quien debemos junto a Chaves y Foxá, las más luminosas y sentidas páginas sobre la Fiesta, cómo estando invitado al palco de una plaza de pueblo, en los aciagos años de la represión y el extraperlo,le sorprendió la gresca que se montó en los tendidos cuando el presidente y como si espantara moscas, sacó el pañuelo.En medio de una lluvia de imprecaciones, éste compungido se acercó al oído de Gregorio Corrochano para farfullar:"Discúlpelos, pero es que hoy, y con deferencia a usted, he cambiado el tercio. Aquí la costumbre, sabe usted, es no hacerlo hasta que el último toro mata a los dos caballos".Eso sí era barbarie, amigos míos."

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07 mayo 2008

Morante de la Puebla.



Ojalá el reglamento, El Cossío y la tradición bastaran. Ojalá no existiera Morante. Cuestión de sensibilidades o del tendido, del viento o de los años curtiendo el culo en asientos de cemento. Y de tiempo, tantas veces menospreciado hasta en este paralelo donde se debería exigir que un minuto durara el doble. Sí, el mundo sería más fácil si las certezas mandaran. Porque entonces todos diríamos que Morante aquella tarde del 6 de junio en las Ventas estuvo mal, que un toro no hace una corrida, que fue lamentable la muerte del tercero y la faena meteórica del segundo, que la corrida de la Beneficencia, con Rey en el palco, himno, autoridades y güisquis a seis euros, exige algo más que capotazos bonitos y una leyenda heredada de otras plazas, que el sentido común no permite errores garrafales y supuestas faltas de respeto al respetable. Pero apareció el sexto toro y, ay, se acabaron las dudas sobre la genialidad del hombre, la finura de la pose y entendimos, de repente, por qué extraña razón nos encerramos con él y seis toros más en una tarde de junio, cuando hay tanta ropa en la lavadora, un marido que nos espera y crónicas por acabar, por qué valen la pena todos los desaires y los euros que nos cuestan horas de vida. Y comprendemos, finalmente, que Morante está en esta fiesta para que lo malcriemos con tal de que nos pare el tiempo y nos enseñe, en el aire, una faena que no existe porque no se aprende, que está metida en su cabeza y que sólo sale cuando el genio aparece y el toro es perfecto. Morante, en aquel último toro, no fue sólo Morante, fue el torero que todos deberían ser, el hacedor del tiempo, lento y sin oídos para los avisos que cronometran este arte tan de dentro. Y de público, Morante nos hizo mirones y de mirones pasamos a nada, porque nada importaba más que Morante y el toro, por mucho que la plaza fueran olés y se cantaran las verónicas, que se pidiera a los cielos que el día no acabara nunca y que la vida, por favor, nos permitiera ser morantes y curros, brillantes, originales y caprichosos.

Rita Barata-Silvério en lasventas.com
(La foto es del gran Manon)

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30 noviembre 2007

Agustín Díaz-Yanes.


Agustín Díaz-Yanes, director de cine (Alatriste, entre otras) y guionista de Belmonte, (donde Achero Mañas se metía en la piel del Pasmo de Triana), concede una entrevista a la Revista Taurodelta en la que habla sin tapujos de su afición a los toros.

Hijo de banderillero, habla de toros y toreros sin tapujos, con un profundo respeto y amor a la Fiesta.

La entrevista merece la pena leerla tranquilamente, pero especialmente interesante me parecen estas dos perlas:

Sobre la evolución del toro señala que "El toro de aquella época era más pequeño, pero infinitamente más fiero, con una movilidad tremenda, muy complicado de torear, con muchos pies. Si saliera ese toro ahora, la mayoría de los matadores y los banderilleros tendrían que cambiar sus formas de torear. Ya lo dijo Antoñete en su momento, reconoció que pudo volver porque había cambiado el toro."

Y sobre si defendería los toros ante los políticos manifiesta:

"No. Ese es uno de los grandes errores que se cometen en defensa del toreo. Los que vamos a los toros lo hacemos sencillamente porque nos gustan, no porque alguien nos diga que se trata de un patrimonio nacional. Los toros son un arte, un espectáculo anacrónico al que un alto porcentaje de la población se va a enganchar".

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28 noviembre 2007

La caza con galgos, por Miguel Delibes.


"La caza de liebre con galgos es, con la caza de altanería, la única caza activa que no precisa el concurso de armas de fuego. Ambas son cazas incruentas en las que, antes que los recursos del hombre, se someten a prueba los de dos animales: el predador y su presunta víctima. De aquí el carácter natural del duelo «la vida de la Naturaleza se rige por estas normas» y la belleza del lance. De ordinario, el hombre, cuando caza, se sirve de ardides que merman o inutilizan las defensas de la pieza, pero en la caza con galgos únicamente actúa de espectador. Aquí, como en la altanería, lo que se enfrenta es un animal a otro, un instinto ofensivo a otro defensivo. Lo propio de la liebre es correr. La constitución del galgo le impulsa, asimismo a la carrera. La espectacularidad de la pugna deriva entonces de la serie de estratagemas que ambos ponen en juego, el uno para prender, la otra para evitar ser prendida. El galgo es animal desmañado, bobalicón, no sabe por donde le da el aire. Por sí solo es incapaz de detectar la liebre; es el lebrero quien, desde lo alto de su estatura o desde una caballería, la descubre en la cama y se la canta. De esta forma, el atractivo del lance empieza y termina con la carrera. En términos generales, puede afirmarse que la resistencia física del perro es mayor, por lo que en una carrera sin accidentes terminaría por hacerse con la presa. La liebre, no obstante, es más ágil y avisada, y en plena fuga busca con la mirada el obstáculo donde pueda dar al can el esquinazo. Por eso el galgo desea espacio por delante y la liebre, perdederos. Esto no es óbice para que, en ocasiones un matacán resistente acabe reventando a un lebrel de raza (yo lo he visto con mis propios ojos) o un galgo ingenioso y rápido enganchando a la liebre en plena espesura. Este duelo, bello en sí, resulta aún más vistoso por los recursos imprevisibles que ambos protagonistas pueden habilitar en cualquier momento.

Pero ahora parece que la presión de las escopetas, al menos en ciertas zonas de la meseta alta, está reduciendo la población lebrera y los galgueros se lamentan de que apenas quedan terrenos para ejercitar su deporte favorito. Realmente la liebre tiene mal porvenir frente a la escopeta. En las vastas llanuras de campos, la liebre confía su defensa al mimetismo y la inmovilidad. La liebre encamada en un surco deja que el cazador pase sobre ella sin saltar. Pero esta actitud, que el animal pone en práctica repetidas veces, se quiebra un día bien porque el cazador la descubre, bien porque el perro coge su rastro y la levanta. Entonces, en el 99 por 100 de los casos, la liebre, animal de carrera lineal y mucho bulto, sucumbe irremisiblemente al disparo. Y si esto es así y las escopetas son más cada día es obvio que la especie va a pasarlo muy mal si las altas esferas no dictan alguna medida protectora. Pero ¿qué medidas de protección cabe dispensarle a la liebre a estas alturas? Hay una muy discreta y sencilla que deriva de lo que llevamos dicho, a saber: destinar unas hectáreas de cada coto a la caza con galgos, prohibiendo la entrada en ellas de la escopeta o reduciendo a la volatería »bajo sanciones dinetarias que duelan» la actividad de aquélla. En Castilla existen términos municipales en los que espontáneamente se han puesto de acuerdo lebreros y escopeteros para que ambas aficiones, como ahora se dice, cohabiten, esto es, donde la medida que propongo ya está vigente. Pero hay otros en los que la insaciabilidad de los escopeteros, y su mayor número, se imponen a las expectativas del cazador de lebrel. Y es precisamente en estas zonas donde la supervivencia de la liebre corre peligro. Imponer como obligatoria la medida apuntada no solo sería eficaz para conservar la liebre, sino para conservar uno de los procedimientos de caza más antiguos y deportivos «más celtibéricos», el único, con la altanería, en que el ardid o la escopeta no imponen su ley".
Interesante artículo recogido del diario ABC de fecha 23 de abril de 1989 , escrito por el miembro de la Real Academia Española don Miguel Delibes, buen conocedor de esta modalidad deportiva.

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30 octubre 2007

Bestiario de Greguerías.


Los galgos son la tierra que se alarga y corre, corre como si se hubiese levantado
el lomo de tierra que queda entre los surcos que hace el arado en las tierras…
Hay que fomentar los galgos para que no muera ese espíritu largo y suspicaz,
ese espíritu espontáneo y vivo de la tierra que son.
Hoy, buceando por ahí me encontré con esta maravilla en davidblogcartoon

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26 octubre 2007

Como el toro


Como el toro he nacido para el luto

y el dolor, como el toro estoy marcado

por un hierro infernal en el costado

y por varón en la ingle con un fruto.


Como el toro lo encuentra diminuto

todo mi corazón desmesurado,

y del rostro del beso enamorado,

como el toro a tu amor se lo disputo.


Como el toro me crezco en el castigo,

la lengua en corazón tengo bañada

y llevo al cuello un vendaval sonoro.


Como el toro te sigo y te persigo,

y dejas mi deseo en una espada,

como el toro burlado, como el toro.


(Miguel Hernández)

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28 mayo 2007

"Vivir sin torear no es vivir"

José Tomás en el país.com.

"Y si un pase, el toro se cuela, en el siguiente hay que cruzarse más, irse más para adelante".

Olé TORERO!!

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24 mayo 2007

Antonio José y su Tienta.


Siempre hay que echar un vistazo por su seriedad, rigor y defensa de la fiesta íntegra, pero hoy con mayor motivo. Lean Cruce de caminos el relato sobre la tarde de El Juli.

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14 febrero 2007

Presentación de Lupe, el sino de Manolete.


En Chicote y flanqueada por dos monstruos, que no necesitan presentación, Carmen Esteban presentó su libro Lupe, el Sino de Manolete.

En Mundochachi, burladero, y El confidencial, (de donde he cogido prestada la foto), se hacen eco.

Actualización: Rosa y Javier nos dan envidia y nos cuentan de primera mano.
El Mundo, David "Alfanhui" y Cuchillo D.C. también.

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