04 septiembre 2006

Alatriste



Vimos este sábado Alatriste, y fuera de hacer una crítica cinematográfica, Dios me libre, me gustaría comentar las sensaciones agridulces que me produjo, si bien me entretuvo, que no es poco. En primer lugar, considero que es una magnífica película de actores, con una gran interpretación de Viggo Mortensen, muy metido en el papel. Asimismo destacar a Unax Ugalde, Elena Anaya, Ariadna Gil (soberbia en su papel), Javier Cámara,y, por supuesto, Blanca Portillo haciendo de Inquisidor General. Por otro lado, si bien creo que se ha recreado correctamente el llamado Siglo de Oro español, me parece que la película es una serie de retazos, dado que se ha querido abarcar las cinco novelas, y se dan producen saltos en el tiempo, faltando algo de continuidad en el guión.

Por otro lado, leo en XL Semanal una conversación que mantienen Arturo Pérez Reverte y Viggo Mortensen, la cual me llamó la atención una parte de las declaraciones que realiza el actor:

"A.P.R: Me gustaría remarcar también que, para Viggo, a la hora de componer su personaje, ha sido muy, pero que muy importante la palabra "torero".
X.L: ¿Y eso?
A.P.R: Me gustaría que lo explicara él. Hablando los tres en una ocasión sobre Altariste, Tano (director), él y yo, le dijimos que el torero es el único que todavía conserva en el mundo actual español las maneras, las actitudes, el respeto por el enemigo, por la vida y por la uerte. En la manera de colocarse delante del toro, hay mucho de los soldados españoles en el siglo XVII. Como, además, el padre de Tano fue torero y él mismo anda muy metido en ambientes taurinos, yo le comenté a Viggo que aprovechase eso para su Alatriste.
V.M: Así es. Le pedí a Tano que mellevase a la plaza y me permitiese ver eso de cerca. Es una cuestión de aprender las maneras, la actitud. Lo que vi en los toreros me ayudó mucho para componer mi personaje. Conocí a varios de ellos y estuvimos hablando de su profesión, aunque supongo que son como Alatriste y no les gustaría que les nombrase aquí. Nos ayudaron y, viendo su manera de ser, sus cicatrices, tanto físicas como psicológicas, caí en la cuenta de que más allá de esa chulería que muchos de ellos adoptan en sus maneras, lo que hay es miedo. Todos tienen miedo del toro. Eso me pareció muy interesante. Verles en la plaza me ayudó a comprender a los mosqueteros del XVII. Hay una imperfección en la plaza de toros, algo muy feo, muy bárbaro, algo asqueroso, pero también hay valentía y belleza,un resplandor qu surge entre la sangre y la fealdad de la muerte al toro. Es un momento inolvidable y precioso que no se puede negar. Creo yo. Y eso lo vi algunas veces...Eso era interesante. Teníamos que mostrarlo."


Así, reflexionando sobre estas palabras, recordé una escena en la que antes de recostarse en una pared, Alatriste se quita su capa y la dobla garbosamente para apoyarse en ella, al modo que lo hacen los matadores cuando esperan apoyados en las tablas la salida del toro. Llama la atención como un extranjero, alejado de la tradición española, comprende y respeta de esta manera el significado de la Fiesta, ese dualismo que se representa en cada tarde de toros entre lo sublime y lo zafio, lo bello y lo horrible, la vida y la muerte... Me gustaría que muchos los españoles que maltratan la Fiesta, desde dentro y desde fuera de ella, mostrásemos ese respeto, ese conocimiento del significado de la Fiesta, tal y como lo hace.

En la última escena, cuando lo que queda del Tercio español se dispone a enfrentarse en Rocrois contra el ejército francés, Alatriste empuña torerísimamente su espada como si fuera a ejecutar un volapié de bandera, con la mano en el pecho, cosa inusual últimamente entre los toreros actuales.

1 Comments:

Blogger Sánchez Bolín said...

Jodo, a los taurófilos no se os escapa una....

4:18 p. m.  

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