12 septiembre 2008

El dilema de ser galguero.


Para Ludo, quien me pidió algún texto para profundizar sobre los galgos, y para todo aquel que ame este bello arte milenario, o se quiera acercar a él.

Está escrito por Oscar Hernández Zarzuelo, gran galguero, amigo y Vicepresidente del Club del Galgo Español.

"Desde que a principios del S.XX se empezara a utilizar este calificativo, en España, para designar a las personas que crían, cuidan y entrenan galgos, para dedicarlos a correr liebres en campo, han pasado cerca de 100 años y desde entonces muchas cosas deberían haber cambiado.
La palabra galguero no figura en el diccionario de la Real Academia de la Lengua y por tanto personalmente pienso, que dicha palabra no es la ideal para definir a las personas que criamos y corremos galgos en campo, sino que la palabra criador o preparador, nos definiría de mejor manera, en el contexto de la sociedad y en el deporte actual. Sin embargo, voy a utilizar la palabra galguero a lo largo del artículo para intentar discernir lo que significa o conlleva para unos y para otros dentro de dicha sociedad.
Ser galguero en la actualidad significa muchas cosas, buenas o malas, dependiendo de donde nos llegue la información o como se maticen los términos que conlleva la afición. Para un sector de la sociedad actual, supone maltrato, abandono o ahorcamiento, fruto de la campaña de desinformación, que algunas protectoras iniciaron a principios de los años 90, con la intención de atacar, desprestigiar y abolir la caza de liebres con galgos. La mayoría de estas protectoras bombardean a los medios sensacionalistas con un archivo de fotografías muy pequeño, de galgos que han sido maltratados o abandonados por vete a saber quién y que como siempre, desprestigia a los galgueros.
¿Quién con un mínimo de sentimientos o escrúpulos, ve unas imágenes de un galgo ahorcado y permanece impasible? ¿A quién no le duele que un galgo haya sido maltratado o abandonado?. Este tipo de personas parecen tener la llave de los sentimientos y solo ellos pueden sentir repudia por este tipo de actos. Sin embargo en vez de preocuparse realmente de saber de donde proceden los galgos maltratados, quién ha sido el que realmente ha cometido ese acto bárbaro, se precipitan en fotografiar y mandar la información a la prensa, rellenando unas líneas paralelas de odio y rencor a nuestra afición. No vamos a entrar ahora en los datos reales del SEPRONA ni en el último pronunciamiento del Parlamento Europeo, los dos muy favorables a este deporte, sino que sería mucho más provechoso que cada uno de los que compartimos esta afición o deporte hagamos examen de conciencia y veamos cuáles son nuestros defectos y nuestras virtudes.
Como decíamos anteriormente, tal vez empezando por la palabra que nos define, utilizando la de criador o preparador, nos estaríamos equiparando a otras modalidades que preparan animales para el esfuerzo físico y la competición, como pueden ser los mushers o los preparadores de caballos de carreras, los cuales no saldrían muy bien parados si los empezáramos a llamar “malamuteros” o “caballeros”, como es el caso de galgueros en nuestra afición.
Sin embargo la definición o etiología de una palabra no es tan relevante como el trasfondo que conlleva. Ser preparador de galgos, en este caso de campo, supone, entre otras muchas cosas, amar a los galgos de forma desorbitada y con ellos, a los dos grandes protagonistas de la escena estética que se produce en cada carrera y que no son otros que la liebre y la naturaleza, donde tiene lugar el lance.
En la situación actual, los neófitos de esta afición se acercan con recelo a la misma, sufriendo una disyuntiva trivial. Por un lado se sienten atraídos por la belleza y satisfacción que supone preparar a un galgo y por otro se sienten señalados por un sector de la sociedad que te tratan como maltratador potencial. Es necesario que tanto éstos futuros aficionados, como ese sector de detractores conozcan cuál es la realidad en esta afición. Para ello, los qua la componemos, debemos hacer muchas reflexiones y planteamientos para saber dónde estamos y a dónde queremos llegar, lo que supone, conocer nuestros defectos, asimilarlos e intentar superarlos manteniendo las virtudes.
Lo primero que debemos tener muy claro es a cuál de las dos modalidades galgueras, unidas por el mismo cordón umbilical, pertenecemos. Podemos ser criadores de galgos para correr liebres en campo, sin necesidad de competir o podemos hacer lo mismo para competir con otros ejemplares de la misma raza, enmarcado en un sistema federado, regalado y constitucionalizado. Las dos modalidades son muy respetables, pero cada uno debe decidir por que modalidad se decanta. Lo que no se debe hacer es desligarse de una u otra, en función de los intereses o necesidades propias.
La competición, como decíamos, está regida por el CSD, las federaciones nacionales y autonómicas y los clubes (por supuesto respetando las medidas que se tomen en cuanto a la caza se refiere por la CCAA en cuestión) , mientras que la modalidad de caza, está legislada única y exclusivamente por la CCAA que tenga competencias en medio ambiente o en su defecto por el ministerio del mismo nombre. Las dos tienen el mismo denominador común, galgos y liebres en campo, pero distintos objetivos que todos conocemos y que no es preciso narrar. Sin embargo hay aspectos que requieren un análisis que ponga en evidencia posturas, cuanto menos un poco “cómodas” de algunos aficionados. Intentaremos reflexionar sobre algunas de ellas con el deseo de que se modifiquen con prontitud.
Los galgueros en general, debemos saber, que ésta es una afición cara, que empieza a parecerse cada vez más a los deportes denominados de “élite”. Tanto si practicas una como otra modalidad (sobre todo en la competición) los gastos son muchos para poder ver correr los perros: crianza, alimentación, seguros, tarjetas, licencias, identificación, seguridad en la perrera, trasportes y correderos son algunos de los gastos que suponen y que si se suman dispensan un gasto de relevancia para cualquier mortal. Sien embargo, todavía hay “galgueros” que crían de forma poco ortodoxa a sus perros, los echan de comer los desperdicios e intentan abstenerse de todos los gastos colaterales de la afición. Este tipo de aficionados no solo suponen un alivio para nuestro deporte sino más bien una amenaza interna que nos somete una y otra vez a debate por una parte de la sociedad que nos cataloga de igual modo a todos.
En segundo lugar, solemos ser aficionados poco realistas, ya no solo en las carreras que visualizamos, sino con los mismos problemas que se nos están planteando. Recuerdo hace unos meses como había un gran número de aficionados preocupados por defender y mantener vivo el deporte, pero también recuerdo con el pasotismo y desinterés con el que muchos otros se mostraban ante la misma. Va siendo hora de que despertemos y dejemos de ver la paja en el ojo ajeno, viendo en los ataques de las protectoras, algunos partidos políticos y un sector de la prensa, un problema real que requiere la ayuda de todos para abordarlo y superarlo.
En tercer lugar, se hace necesario que todos cumplamos con los compromisos legislativos que se plantean en la afición y por supuesto en el deporte. La identificación de nuestros animales se hace fundamental en la lucha contra los robos que sufrimos, auténtica lacra galguera, confiando en el tatuaje y el microchip como baluartes para la recuperación de los animales sustraídos.
En cuarto lugar me gustaría destacar el “rencor” o mejor dicho el desinterés que algunos aficionados han mostrado hacia los entes federativos de la competición. A ellos les diría que dichos organismos son los que han promovido, desarrollado y actualizado la defensa de los intereses de todos los que corremos galgos en campo. Las Consejerías de Medio Ambiente, ocupadas temporalmente por diferentes partidos políticos, no van a defender nuestro deporte de forma indefinida, más aún si dichas consejerías son ocupadas algún día por los partidos políticos que la intentan abolir. Dicho esto, parece interesante, que confiemos, ayudemos, y respetemos a los órganos federativos que nos representan como base sólida de una afición que queremos que perdure en el tiempo.
La oportunidad que me brinda este anuario, la he querido aprovechar para hacer un breve repaso a la actualidad de esta afición, con el único objetivo de abrir los ojos a todos los aficionados y con la esperanza de que todos podamos tirar de la cuerda en el mismo sentido algún día no muy lejano.
Con el respeto y admiración que me merecen todos los galgueros de bien, me despido con el único deseo de que todos, podamos disfrutar largo y tendido de esta heroína que es la caza de liebres con galgo y su competición."

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

extra. me lo voy a leer tranquilamamente.

un saludo

ludo

6:49 p. m.  

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