25 marzo 2008

Sin repuesto


Sevilla no ha repuesto a Curro Romero. Un Domingo de Resurrección sin Curro vestido de torear en el albero de la Real Maestranza es un lunes. Los necesitados de la religión taurina han encontrado su sustituto en Morante de la Puebla, pero no hay color. Curro era y es original en todo, y Morante pretende serlo. Apunta destellos. Me ha divertido leer en una entrevista reciente que no está dispuesto a maltratar al miedo. Eso me parece muy bien. Al miedo hay que cuidarlo y hacerle caso, porque sin miedo no hay superación ni arte. Le tocó en sorteo a Curro Romero un toro que parecía un búfalo del Serengueti. Y Curro le ordenó a su picador que le diera estopa. El toro se arrancó de lejos al caballo y se ganó al público, que abroncó al picador por la carnicería que estaba protagonizando. Curro reaccionó con genial cinismo y le gritaba al picador que dejara de picar al monstruo. –Déjalo, Luis! ¡Déjalo, Luis! ¡Te he dicho que lo dejes, Luis!–. Oyó el comentario de una mujer que estaba en barrera. –No se debe llamar Luis, porque no le hace caso–. Luis cumplió con su cometido y Curro respetó a su miedo. El resultado de la compenetración fue una lluvia, casi chaparrón, de almohadillas sobre la cabeza del maestro. Los que llenaban la Maestranza de Sevilla cuando don Francisco Romero toreaba, sabían que con Curro el aburrimiento y la vulgaridad no eran posibles. O detenía el curso del Guadalquivir con su genialidad desmayada, o provocaba el estrépito del berrido masivo. O ramos de romero o almohadillazo al canto. Una mala tarde, después de matar al toro, cuando se refrescaba en el callejón, un energúmeno de tendido bajo comenzó por decirle «sinvergüenza» y casi termina por saltar para arrearle una bofetada. El indignado iba a reventar de ira, y la cosa se estaba poniendo fea de verdad. Esplá, que toreaba con Curro, acudió en ayuda del maestro, que seguía refrescándose tranquilamente. Al llegar a su lado, éste le comentó: –¿Has visto lo mal que lo está pasando esa criatura?–. Eso era Curro. Capaz de levantar las pasiones más encontradas en una misma persona en apenas diez minutos. Con una verónica obraba el milagro, y aquel que quería matarlo momentos antes, miraba al cielo agradecido con los ojos húmedos por haberle dado la oportunidad de ver, saborear y amar el arte efímero del genio. Antonio Ordóñez, que fue el mejor de todos –los de antes, los de antes de antes, los de ahora y los que vendrán–, me contó en su «San Cayetano» rondeño, sobre el pozo que guarda los restos de Orson Welles, que el toreo de Curro Romero le emocionaba más que ningún otro, y que Sevilla, a la que adoraba, era muy suya y bastante injusta con sus toreros, porque Paco Camino, también de Camas, era grandioso y en Sevilla nunca le hicieron caso. Y todo esto, memorias, recuerdos, anécdotas y comparaciones, para agitar las melancolías que la ausencia de Curro Romero produce en el ánimo de Sevilla cuando el Domingo de Resurrección alcanza la luz de la Real Maestranza, un domingo que sin Curro vestido de torear, qué quieren que les diga, es un lunes.


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2 Comments:

Anonymous luis said...

si lees el frances le recomendo el libro de francis marmande :
"curro, romero y curro romero"(editorial verdier)
y si no , lo siento pero que siga escribiendo cosas asi que me parece leerlas un domingo de curro mientras que seamos martes de lluvia.

un saludo

luis

11:20 p. m.  
Blogger Rober said...

Luis, más lo siento yo que no leo francés.
Aún vivo con la ilusión de que Curro nos regale un último paseíllo en un festival. Peregrinaré a donde sea, lo prometo, aunque la esperanza casi la perdí en el homenaje a Paula en Madrid. Pensé que estaría allí...
Un saludo.

10:13 a. m.  

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