En el teatro la sangre es ketchup; aquí no.

Pero también es pura ritualización. Esa forma de medir al toro, ese juego de templar al animal. El rito del paseíllo de los matadores, la salida a hombros. También está ritualizado como el público trata al torero, como lo abuchea si lo estima conveniente. Sería imposible actuar si esto sucediera en el teatro.
Yo he oído gritarle a un torero: "Parece que toreas cabras!" Eso tiene que ser muy duro.
Es un arte impactante, una prueba de vida ante la muerte. Uno de los pocos espacios que quedan en que el hombre se mide a sí mismo.
Extracto del artículo publicado por Ramón Fontsere en el mundo, actor de la obra "Controversia del toro y el torero"
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